Con Luis Emil Sanabria Durán
(Parte 1)
Durante más de 30 años se ha dedicado a la construcción de paz, luego de un proceso de negociaciones de paz en 1991. Presidente colegiado de REDEPAZ y vicepresidente del movimiento Esperanza Democrática ha construido una voz propia en el panorama político nacional. Hablando de la coyuntura política actual, considera que los viejos, los de la vieja guardia pues, hemos mantenido ahí como la llama del cambio, pero realmente es la juventud la que se está apropiando de eso y a esos hay que llegarles, hay que llegarles con ideas. Yo creo que Unitarios tiene esa posibilidad, pero no la puede hacer solo. Creo que tiene que confluir y dejar claro que tarde que temprano tiene que haber una confluencia en un gran frente amplio de todos estos sectores que debe incluir liberales, conservadores, demócratas, pero con una condición y es que debe tener claro que a pesar de querer los votos no puede conectar con la corrupción, con el clientelismo, porque esos son vicios que ayudan al modelo neoliberal, como está ocurriendo hoy en parte de la gobernabilidad actual.
Etica: Desde la perspectiva del hombre que trabaja hace más de 30 años por la paz, que también aporta al país político, y que también viene de un proceso de paz de los años 90s ¿cómo hace la lectura de esa “crisis ética” en que ha caído el periodismo y cuál podría ser la reorientación de un periodismo para la paz?
Luis Emil Sanabria Durán: Yo creo que el periodismo como muchas otras expresiones económicas o sociales o políticas cayó atrapado en el modelo neoliberal, es decir, en el modelo del mercado. Es un periodismo que está al servicio de esa economía de mercado, esa economía de mercado que no la regula nadie, ni el Estado, ni el Gobierno. Y como está al servicio de esas economías, que son básicamente monopolios, pues la ética periodística, la independencia del periodismo, la independencia tanto de los medios como de quienes los utilizan como instrumento de trabajo, pues se perdió.
Se perdió en la medida en que se prioriza la economía, la producción de rentas, pero también se prioriza para ponerla al servicio de un modelo económico empobrecedor que, en muchas partes, además de neoliberal, raya con tendencias neofascistas, no solamente en Colombia, sino en el mundo. Esto es una corriente que está hoy recorriendo el mundo y las sociedades se debaten en esas dos grandes corrientes, una que vela por los derechos humanos, por la justicia, por la equidad, desde la socialdemocracia, el socialismo, las propuestas colectivas y otra que quiere profundizar el modelo neoliberal de Estados muy reducidos, incapaces de controlar, de planificar y al servicio de la acumulación de riqueza en pocas manos.
Entonces están ahí, están haciendo su tarea, no les importa qué tanto daño le crean a una sociedad, defienden las privatizaciones, defienden la corrupción, defienden la violencia, se atreven a promover la violencia como un ejercicio legítimo de quienes hoy están acumulando grandes fortunas y esa es su tarea, una tarea que, me parece, está cumpliendo sus objetivos, convencen a gran parte de la sociedad de que lo que ellos dicen está bien, de que hay que pasar por encima de los derechos humanos, de que hay que promover la violencia si es necesario y de que la inequidad, la injusticia son naturales, que eso hace parte de la naturaleza
humana.
Entonces, pues lamentablemente eso está ocurriendo y en eso caen no solamente los medios, sino también las facultades de comunicación que a su vez han sido atrapadas por el mismo modelo.

Ética: Estamos en una coyuntura electoral donde tenemos más de 70 precandidatos y precandidatas, con un bipartidismo liberal y conservador desdibujado, pero que no quiere decir que la derecha esté en crisis, porque -de alguna manera- muchos de esos candidatos y candidatas son expresiones de derecha, solamente que por fuera de esos dos partidos que en un pasado reciente configuraron un proceso antidemocrático en el Frente Nacional. ¿Cómo hacemos la lectura de esta coyuntura electoral?
Luis Emil: Yo creo que hay unas crisis que se reflejan ahí. Bueno, más que crisis, decadencia, digámoslo así. No encuentro la palabra acertada, pero toda esta proliferación de candidatos demuestra una debilidad de la democracia del Estado colombiano, de los partidos internamente para fortalecerse.
Eso demuestra también la necesidad de una reforma política que ponga en cintura a los partidos en relación con esa misma democracia. Los partidos hoy internamente no gozan de una democracia que posibilite, por ejemplo, la identificación o la selección democrática de candidatos y candidatas, sobre todo en la derecha. Entonces, son candidaturas heredadas.
Ahí vemos los nietos, los sobrinos, los hijos de expresidentes, exministros, exsenadores, ocupando esos cargos, ocupando esas candidaturas. Lo que no quiere decir que el poder está en crisis, simplemente que se manifiestan de esa forma, pero también porque hay una puja en las derechas entre aquellos que, de alguna forma, quieren legitimar su acumulación de riqueza, que la llaman riqueza bien habida, pero que en últimas es apoderarse de la plusvalía, cosa que ya han dicho muchos teóricos; y aquellos que tienen una alianza estratégica con el narcotráfico, con la minería ilegal, con el tráfico de especies, bueno, con toda la ilegalidad, el lavado de activos y que se han apoderado de los territorios.
Y todavía existen mafias apoderadas de los territorios y cuyos aliados principales son líderes y lideresas políticas de esos territorios. Algunos herederos de las viejas castas de narcotraficantes, otros hoy aliados de nuevos narcotraficantes, pero definitivamente ahí están. Entonces yo creo que en la derecha hay una puja entre ellos, pero finalmente terminan uniéndose porque no hay nada más beneficioso para el modelo neoliberal que la corrupción y las mafias del narcotráfico, porque casi que van pegadas. Las mafias necesitan la privatización de las empresas para lavar dineros, por ejemplo, para negar derechos, para apropiarse de la fortuna porque no les basta solo la que producen con sus negocios ilegales.
Entonces pueden juntarse y se han juntado. Eso no es nuevo en Colombia, se han juntado.
Y siento que en la socialdemocracia y la izquierda pues también hay un proceso de debate interesante en la medida en que hoy se necesitan mayores definiciones políticas, es decir, realmente hacia cuál es la sociedad que quieren los socialdemócratas o los socialistas o los comunistas para Colombia. Eso todavía no está claro. Queremos un estado de bienestar, queremos un estado social de derecho, queremos avanzar hacia un socialismo democrático o ecologista o queremos montar un solo partido tipo dictadura del proletariado.
Bueno, en eso todavía no hay una definición y creo que la izquierda tiene que avanzar hacia definir con claridad en qué estado se encuentra su propuesta política. Seguramente no va a ser fácil porque también lamentablemente está atravesada la discusión por el tema todavía de la lucha armada, porque hay sectores de izquierda que todavía creen posible que a través de la lucha armada se logren las transformaciones. Eso hace que, por ejemplo, el ELN todavía se considere una expresión política armada y efectivamente lo es, a pesar de que tiene en algunas regiones alianzas también en toda esta cadena del narcotráfico y la minería ilegal.
La izquierda yo creo que va avanzando hacia un frente. Ese frente no debe temerle a las discusiones ideológicas porque es que han satanizado la ideología. Cuando uno habla de una ideología, la derecha se ha puesto en la tarea de satanizar esa palabra y esa palabra no demuestra sino la capacidad de un sector político de idear, de soñar el país que quiere, la política que quiere, la economía que quiere. Eso es una ideología. Yo creo que la izquierda debe avanzar un poco más hacia ese debate. También debe fortalecer internamente sus partidos para que quienes sean elegidos respondan a esos partidos, superar un poco lo que hoy está ocurriendo, que tenemos un presidente que no responde a un partido, no responde a un frente, no responde al Pacto Histórico, seguramente porque el Pacto todavía es débil en la medida de darle ideas o de cogobernar con su presidente, como debería ser.
Y también pues hay una serie de partidos pequeños en otros escenarios, como lo que se conoce como Unitarios, 14 partidos, que también tienen que empezar a reencontrarse, viejas teorías socialistas con nuevas teorías progresistas, etcétera. Pero creo que va siendo la tarea. En definitiva, pues lo que ocurre en Colombia es que hay, y eso ha generado la violencia, se sigue generando la violencia, es que hay quienes se oponen desde el establecimiento de derechas que han gobernado este país, se oponen, sabotean cualquier posibilidad de que movimientos alternativos de izquierda o socialistas gobiernen.
No se les da espacio a pesar de la constitución del 91. Al contrario, ha ideado estrategias desde el Estado para aniquilar física, política e ideológicamente a esos partidos de izquierda. Y mientras eso siga sucediendo, mientras esas derechas no entiendan la necesidad de una apertura democrática real contemplada, inclusive, en el Acuerdo con las extintas FARC, pues seguiremos teniendo estos conflictos.
Ética: Pero en este momento gobierna una expresión de izquierda. ¿Cómo hacemos esa lectura en torno a esa “no” apertura en la democracia sino esa llegada de un movimiento progresista en medio de esa incertidumbre que genera la hegemonía dominante de una derecha criminal, enquistada aún en el Congreso, en el poder judicial, es decir, en muchos lugares del Estado desde donde, ahora, son una “oposición” muy radical?
Luis Emil: Pues básicamente porque han saboteado todas aquellas propuestas que buscan liberalizar, de alguna forma retomar el Estado social de derecho pactado en la constitución del 91. Entonces se oponen, por ejemplo, a que el Estado se fortalezca, a que garantice derechos, como el derecho a la salud, a revertir ese proceso privatizador que se ha demostrado es nefasto para un derecho de la gente. Se oponen a la reforma laboral, a reconocerle derechos. Derechos no solamente que se pelean en Colombia, sino que son reconocidos a nivel mundial. Entonces ahí siguen saboteando esas posibilidades de volver al pacto del 91, porque el pacto del 91 lo que demostró fue eso.
Cuando vemos la foto de la constituyente, está un Antonio Navarro Wolf, un Horacio Serpa y un Álvaro Gómez Hurtado, pues lo que muestra esa foto es que se pusieron de acuerdo para gobernar, para entenderse, para avanzar hacia un pacto. Pero luego ese pacto se rompe y sigue roto. Entonces esa derecha teme, no le interesa debilitar el modelo neoliberal, no le interesa una reforma rural.
Realmente Colombia es uno de los países, el segundo país con más concentración de tierras en pocas manos. No le interesa una reforma rural, no le interesa el desarrollo industrial interno del país, porque básicamente la mayoría vive de importaciones o de cosas por el estilo, muy ligado también al fenómeno de lavado de activos. Hay cosas con las cuales no comulga y seguirá oponiéndose a pesar de que haya un gobierno que tiene dificultades, que ha cometido errores, que no ha sabido entender a cabalidad el momento histórico en el que está, porque no todos los cambios se pueden hacer al tiempo, porque seguramente hay que llevar a la sociedad a que entienda los cambios. Si Colombia lleva más de 30 años volviendo a la constitución de 1886, revertir ese proceso en la lógica de la constitución del 91, pues también tiene su tiempo, y ese tiempo es el que no se ha planeado desde estos sectores.
Ética: Entrando ya en temas de paz, después de un proceso de paz en el 2016, con la que se consideró la más grande guerrilla colombiana que fue las FARC-EP, subsisten grupos armados , entre ellos persiste un ELN que es histórico desde los años 60s ¿cómo hacer esa lectura hoy? ¿es anacrónica, no es anacrónica la existencia de estas guerrillas?
Luis Emil: Yo creo que la historia le ha demostrado a la izquierda, no solamente en Colombia, sino en el mundo y en América Latina en particular, que la guerra, la llamada guerra popular prolongada o guerra de guerrillas, fracasó para acceder al poder y a las transformaciones, también porque las derechas no están mochas, porque también tiene un enemigo que tiene una conducción desde Estados Unidos muy fuerte y un respaldo político militar de una potencia que todavía subyuga a estos países y de la cual son socios minoritarios, digámoslo así, estas derechas de estos países, pero creo yo que las sociedades no se mueven hoy hacia esa guerra de guerrillas, eso fue un momento de la historia, inclusive muy corto, pero creo que la justificación existe en términos de que no hay realmente una apertura democrática, no hay lo que decía anteriormente, no hay una apertura económica, en Colombia está prohibido discutir el modelo económico, cuando el modelo económico en Colombia ha fracasado, ha generado pobreza, ha generado excluidos, ha generado hambre, miseria, o sea, eso no se puede discutir porque las élites en el poder lo prohíben, como si el modelo instalado en Colombia fuera exitoso, hay que darnos la oportunidad de discutir ese modelo, de entender ¿por qué razón las tierras están en pocas manos y son improductivas?, y podríamos desde ahí generar un plan de desarrollo que permita superar el hambre y superar la pobreza; ¿por qué no nos ponemos de acuerdo y permiten estas mismas élites del poder generar un acuerdo alrededor del fenómeno del narcotráfico?, ¿cómo la sociedad colombiana va a salir de ese problema?, ¿por qué no estudiamos la posibilidad de la legalización?, pues porque tienen unos intereses de lavado de activos a través de los cuales han mantenido parte de sus privilegios o gran parte de sus privilegios, entonces mientras haya unos temas prohibidos habrá gente que crea que eso solamente se puede tumbar a través de la violencia.
Ética: ¿Podríamos considerar que esa “no discusión del modelo” es la pata coja del proceso del 2016?
Luis Emil: Ha sido la pata coja porque es que además del modelo económico está el modelo político, es que van de la mano, Colombia se recentralizó y volvió al modelo del 86 fundamentalmente a partir de los decretos que le quitaron poder a los municipios y a los gobernaciones impulsados por el gobierno de Álvaro Uribe, o sea además del modelo neoliberal se le quitó poder a los municipios y a las gobernaciones, es decir, se recentralizó el poder, entonces volvimos a la constitución del 86 en ese componente. Al recentralizar el poder la participación ciudadana pierde toda posibilidad porque ¿para qué se convoca en un municipio a participar si las grandes decisiones las toman en el gobierno central? ¿Para qué una asamblea popular o un proceso de elaboración participativa del plan de desarrollo y del presupuesto si ya eso está definido en una norma y te quita todas las posibilidades? De ahí la gran importancia de la ley que se aprobó en este gobierno, la ley de participación; y el reto de cómo esa ley se va a reglamentar para que quede claro cuáles son las tareas de los municipios y las gobernaciones. Ese mismo hecho, unido al modelo neoliberal donde se privatizó las comunicaciones, la electrificación, el agua, hasta el agua potable de los municipios más pequeños y el alcantarillado se privatizó, la televisión, las comunicaciones, etcétera.
Y, pero, además de eso, al recentralizar el poder, dejas sin dientes el artículo tercero de la constitución que dice que “el poder reside exclusivamente en el pueblo” y se retoma en manos de las élites. Pues tú lo que estás haciendo, de ahí la discusión también con la propuesta del alto comisionado para la paz en relación con que la paz es territorial, la paz es nacional y también es territorial. Pero usted no puede quitarle a la construcción de la paz la necesidad de hacer transformaciones políticas y económicas a nivel nacional, porque ese es el paraguas sobre el cual usted trabaja en los territorios. Eso lo hizo Uribe, además de muchas otras cosas, aumentar la represión, deslegitimar el conflicto armado interno y eso se ha mantenido digamos de alguna forma a pesar de que en el gobierno Santos se avanzó hacia la paz, acordémonos que él dijo hay cosas que no se van a discutir.
En la próxima entrega, Parte 2 de la entrevista, Luis Emil Sanabria Durán nos hablará de su opinión sobre La Paz Total y su percepción de si El Cambio Continuará en estas elecciones de 2026.

