Basada en hechos reales la novela Las Putas Nunca Muerenh en Domingo del escritor Luis Carlos Pulgarín Ceballos, ya denunciaba desde el año 2022, algunas intimidades ocultas de las esferas de la farándula y la televión. Aquí reproducimos dos capítulos de la novela donde se ilustra una denuncia, nunca investigada, de una famosa actriz colombiana a un director de telenovelas ya fallecido.
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Muy a las siete de la noche asistí a la cita que me había propuesto el director, en su supuesta oficina en un edificio de Chapinero, en cercanías de Galerías. Cuando llegué al lugar debí sospechar algo, pero estaba tan emocionada con esa oportunidad de entrevistarme directamente con un director de televisión, que mi sentido de la intuición se fue al carajo. ¿La oficina del señor X?… ¡Ah!, ¡el director de televisión! Sí sumercé, pero no es la oficina, es su apartamento. Ya, ¿cómo me dijo que se llama sumercé? ¿Marcela? Sí, espéreme un momentico ya la anuncio… Señor X, sí sumercé, es que aquí hay una señorita… Sí señor, Marcela… ¿Que suba? Sí señor, ya le indico cuál es el apartamento. Sí señor, por el ascensor, no se preocupe…
Sí, hasta ahora lo recuerdo, debí presentir algo cuando el portero me “revisó” de pies a cabeza, con esa mirada de suspicacia, cuando me dijo con cierto tonito de burla y quizás pensando que yo era una pobre inocente, una bobita que tal vez repetiría la historia de muchas otras ingenuas que habían pasado por allí: Sí sumercé, pero no es la oficina, es su apartamento… Ya qué… son las experiencias de la vida, ¿no?, como para empezar a escribir mi propia novela.
El director me recibió muy formal, con gran zalamería, que qué rico que hubiera ido, que ya iba a ver la oportunidad que se me ofrecía, que las puertas de la fama se me abrían, que esperaba que no lo defraudara y pudiera pasar la prueba, que si seguía las indicaciones para actuarle una escena que me había escogido, de una vez decidía el papel para mí, sin someterme a casting, porque al final, me decía él, los de casting solo deciden los papeles de figurantes, y eso porque los papeles estelares los decidían los directivos y gerentes de producción, los libretistas y los directores. Ah, y no te preocupes Marcelita, en realidad este es mi apartaestudio, sabés lo que es esto, no me gusta el movimiento en las oficinas de la productora, hay mucha distracción, mucha gente corriendo por aquí por allá, gritando esto, lo otro, es el ritmo, los aceleres de la industria, prefiero trabajar algunas cosas aquí, me concentro más, me interrumpen menos, vos entendés ¿verdad?… Ya busco el libreto, Marcelita; pero antes ¿te tomas algo?, sabés, ¿un vinito?… eso te sirve para los nervios también, claro que con la seguridad que te veo… ¡¿qué nervios?! te veo muy profesional, yo sé que podrás representarme la escena; pero primero te sirvo la copita… Y claro, yo pensando que no debía ser grosera, que no, que no creía que el vino fuera necesario, que más bien un vasito de agua, pero yo no quería que me viera como una montañera y le acepté el vino; mientras, él buscaba en un montón de papeles en desorden que tenía sobre el comedor. Yo sentada en un sofá inmenso que tenía en su sala lo veía buscar, mientras él seguía diciéndome con gran entusiasmo, como animándome, buscando generar confianza: Es un proyecto nuevo, aún no sale al aire, pero ya está aprobado por un canal; es una historia de un libretista también nuevo, un tal… cómo es que se llama el carajo este, ah, sí, un tal Pulgarín creo, bueno, ya lo conocerás, es bueno que hagas relaciones con la gente del medio, los que deciden; te voy a dar, Marcelita, una escena intensa, de un personaje fuerte, si te quedas con el papel ese personaje proyectará tu carrera, no tengas ninguna duda; ah, espera ya te sirvo otro vinito y me tomo uno contigo… aquí está, mira, esta es la escena, bueno, las escenas… miremos estas dos escenitas a ver cómo te va…
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¿Ves Marcelita?, es una escena intensa; vos sos profesional ¿verdad?; sabes que en la televisión hay besos, algunos toques corporales y caricias que son de los personajes, no de los actores ¿verdad?; escenas íntimas que son simuladas pero que artistas maduros y profesionales saben que son parte del oficio ¿ves?; vamos a hacer una cosa, te tomas otro vinito y vas leyendo la escena, la memorizas, y luego la actuamos, yo te ayudo con el otro personaje ¿sí?, para no dejarte solita en la escena… Y dale, el hombre me envolvía con su capacidad verbal y yo ya tenía como cuatro copas de vino encima, pero emocionada: ¡tenía un libreto con una historia y un personaje, y estaba frente a un director famoso que me prometía la oportunidad de la vida!
El hombre se me sentaba de vez en cuando al lado, y cómo vas Marcelita, está fácil ¿verdad?, tenés buena memoria, si querés te ayudo, vení leamos la escena… Y leíamos, y el hombre me señalaba cómo darle ritmo a algunos parlamentos, y yo feliz; el fin de semana me iba a poder lucir con mis compañeros de clase en la academia de Barrigas, chicaneando con las técnicas que me estaba “enseñando” el director; me imaginaba la envidia de las demás estudiantes de actuación cuando yo les presumiera que había tenido una clase particular y una prueba para entrar por fin a la televisión; y… Otro vinito Marcela, que eso te ayuda con la memorización; y no hubo que llegar a ensayo sin libreto, el hombre no se aguantó más y qué se creyó, en uno de los momentos de lectura, cuando el viejo Rafael se acercaba a acosar a Rocío, el director me puso la mano en la pierna y se me acercó a besarme, entonces me asusté, y él Vení Marcelita, no pensés mal, es para imprimirle tono a la lectura, para ayudarte a meter en el personaje. ¿Meter en el personaje?, yo estaba un poco embriagada por el vino, pero entendí que la cosa no era ayudarme a meterme en el personaje, que él lo que buscaba meterme era otra cosa, entonces le propuse Ay, no será que me puedo llevar el libreto, como para estudiarlo más en la casa, y mañana le hago la escena en la productora… Y ¿qué fue eso?, entonces el hombre perdió la paciencia, que si yo no era profesional, que en la televisión el que piensa mucho pierde; que si yo le estaba haciendo perder el tiempo, que él tenía muchas cosas importantes que hacer como para estar perdiendo su tiempo, y que si no me creía capaz de asumir una simple escena, que le dijera que había otras actrices profesionales esperando esa oportunidad… Y yo con esa duda tan hijueputa, cómo dejar escapar esa oportunidad, entonces le dije Bueno, está bien señor, perdóneme lo boba que soy, espéreme un momentico yo me concentro de nuevo… Y el hombre Está bien Marcelita, no te sintás mal, yo quiero ayudarte, vení, volvamos al texto… Y volvimos al texto, y en la medida en que se desarrollaba la escena, él sí que se metía en la piel de Rafael, de nuevo la mano en la pierna y los intentos de besarme, de acuerdo a como estaba en el libreto, apenas era que me decía Ponete en situación Marcelita, hacé de cuenta que estás en el jeep en que van Rafael y Rocío, aquí estamos, este sofá es la silla de la cabina del jeep… Y yo tratando de ser profesional y demostrar que sí tenía talento, que yo era la actriz que él estaba buscando, cuando en determinado momento el hombre se salió del cauce original del libreto y me metió la mano entre la bata buscando hurgar entre mis calzones, entonces yo perdí la paciencia, con vinito y todo en la cabeza, pero no estaba tan borracha como para saber que eso ya no era ningún casting, ninguna prueba actoral; entonces quise retirar la mano, y el muy “director” entonces se me echó encima, quién sabe cuántas ingenuas habrían pasado por ese sofá rojo que tenía en su sala, él al parecer estaba acostumbrado a convertirlo en una cama; cuántas lo habrían aceptado, cuántas de las que hoy figuran en la pasarela de la fama se habrían vendido a cambio de tener una oportunidad. Mira Marcela, me decía el hombre, jadeante, ansioso, lujurioso, muy al oído, mientras me mantenía contra el sofá, Marcelita, a veces hay que dar para recibir; en este medio es así, todo tiene un precio, no es tan duro, mira, nadie lo tiene que saber; vos y yo solitos, y mañana me lo vas a agradecer, cuando estés mojando prensa y farándula vas a ver que este precio es poco para lo tanto que vas a recibir… Entonces entendí que él no representaba al violador Rafael, que él era el violador Rafael, me parecía escucharlo con el cinismo que se cerraba en la segunda escena del libreto:
RAFAEL: Rocío, no se ponga así… Mire que le voy a pagar con creces, déjeme yo le hago olvidar esas lágrimas, déjeme enseñarle que eso es parte del amor que podemos seguirnos dando a raticos…
Me sentí humillada, sentí asco, recordé cuando en el pueblo veía los perros hambrientos, en manada, perseguir una pobre perra en sus días de celo; lo sentí babearse mientras trataba de besuquearme en el cuello y las orejas, y una de sus manos con brusquedad entre mis piernas, mientras la otra empezaba a tratar de sobarme por entre los senos; no sé en qué momento ni con qué fuerza pero de un momento a otro yo estaba de pie, buscando mi bolso para salir del lugar, y el tipo con tremendo aruñón en la cara, sangraba y estaba histérico, gritando a todo pulmón Esto, mirá, esto no te lo voy a perdonar, ándate de aquí y ni pensés que vas a tener chance en la televisión, nunca serás nadie Marcela, no pasarás de ser una extrica de relleno; el que empieza como extra, extra se queda toda la vida, yo soy una persona con mucha influencia Marcela, mucha influencia ¿oís?, y me voy a encargar que no tengas una sola oportunidad en el medio, ya lo vas a ver…
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