No hubo normalidad, la consulta del Pacto Histórico no fue tranquila.
El Pacto Histórico, tendencia de izquierda colombiana que lidera actualmente el gobierno colombiano, sacó más de 2 millones 700 mil votos en su consulta interna para definir candidatos presidencial y listas al Congreso, lo cual es considerado un éxito para una jornada electoral atípica y pese a los múltiples obstáculos que les impuso la oposición representada en consejeros del CNE y funcionarios de la registraduría, todos de tendencia de derecha.
Antes de la Consulta fueron notica todas las trabas jurídicas y aplazamientos del CNE a las definiciones legales para que el Pacto Histórico pudiera adelantar la jornada y definir su candidatura presidencial de manera interna y prepararse para enfrentar una nueva consulta con otros partidos del denominado Frente Amplio en marzo del 2026. Con “triquiñuelas” como suelen denominarse las trampas en Colombia, más bien intentó bloquear esta última posibilidad. Descaradas “jugaditas” como imprimir tarjetones de elección con el anuncio de que la consulta era interpartidista, y no consulta interna, para inhabilitar al candidato vencedor, en este caso Iván Cepeda Castro, en una futura consulta con otros partidos.
Ya el día de la consulta, el pasado 26 de octubre, se evidenció toda la “marrulla” y capacidad de perversión del establecimiento, desde la registraduría para impedir el normal desarrollo de la misma y desmotivar el potencial electoral que saldría a esta apuesta democrática sin presedentes en el país, donde un partido político sin escoger al capricho de sus cúpulas los candidatos y candidatas al Congreso le permitió a su militancia hacerlo, facilitando además el ingreso a sus listas de posibles senadores y representantes a la cámara de representantes una importante presencia de líderes de la base social y territorial.
En primer lugar, la Registraduría que tiene el censo electoral del país, distribuyó 7 millones de tarjetones, sin respetar el potencial electoral de cada región, tal vez su cálculó fue premeditado al enviar insuficientes tarjetones donde podía haber masiva votación y, de otro lado envíar cantidades de tarjetones donde habría poca afluencia electoral. Así en algunas regiones se agotaron tarjetones y quedó gente sin poder votar, mientas en algunos lugares sobraban las tarjetas sin votantes.
Además del traslado de más de 4 mil mesas de votación de sectores rurales alejados a centros poblados, como lo denució el entonces candidato Iván Cepeda, no se dispusieron puestos en muchos territorios, y en los territorios, e incluso en los grandes centros urbanos como Bogotá, se disminuteron en un 90% o más las mesas de votación, así en donde para elecciones tradicionales suelen haber hasta 50 mesas, solo ubicaron dos mesas; en denuncia de una profesora de Soacha, jurado de mesa, se evidenció que les anunciaron que atenderían máximo 600 votantes por mesa, pero la poca disposición de mesas les saturó la jornada y llegaron a atender, sin condiciones de dignidad, más de 3 mil electores lo cual fue traumático para la población.
Como si fuera poco hubo denuncias de una especie de operación tortuga por parte de algunos jurados que, al parecer siguiendo instrucciones demoraron la inscrición de cada votante a más no poder, a pesar de las inmensas filas, buscando desmotivar a muchas personas para que se devolvieran sin votar.
Lo anterior sin contar cambios de lugar, sin aviso a electores que llegaron a votar pero fueron devueltos con el anuncio de que sus cédulas no estaban en dicho puesto, sin mayores datos del puesto dónde podrían votar. Incluso con anuncios de que su cédula podría estar incrita en otra ciudad, como sucedió con un ciudadano que en el puesto de votación de Corferias le habrían anunciado que su cédula aún esta registrada en Santander, cuando él hizo su inscripción en Bogotá con antelación.
Y hay más, al parecer, en algunas regiones se habría intimidado, y hasta dado malos tratos, a la población rural (campesinos e indígenas), para evitar sus traslados de su lugar de origen hasta donde les trasladaron las urnas, en esto último se ha denunciado que algunos miembros de las fuerzas militares habrían profundizado dicha hostilidad para con la población rural.
Las autoridades aún no esclarece que actores quemaron material electoral en un lugar de la región caribe, que fue otro de los hechos que vandalizaron esta jornada electoral.
¿De dónde saca entonces, el registrador nacional, la información de que la jornada fue tranquila y normal como lo afirmó cinicamente en los telenoticieros del país en las hortas de la noche?
