Condenado por paramilitarismo
Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos
Hacia el año 2000, ante las reiteradas denuncias contra Álvaro Uribe Vélez por su presunta relación con el paramilitarismo, la Fiscalía se apresuró en anunciar que no había encontrado méritos para abrir una investigación contra él y su hermano Santiago.
Los testimonios sobre la participación de los hermanos Uribe Vélez apuntaban no solo a su complacencia por masacres como las del Aro y la Granja en el municipio de Ituango en el año de 1997, la posible determinación del asesinato del defensor de derechos humanos de Ituango, Jesús María Valle, sino que también por su autoría en los atropellos a campesinos de la finca La Mundial ubicada en Maceo, Antioquia, en desquite a un pleito laboral que les habían ganado los trabajadores; además de estar involucrados en una masacre que se cometió en 1998, en territorios de los municipios de Vegachí y Remedios, también en Antioquia. Sobrevivientes de estas últimas masacres aseguraron que los paramilitares que cometieron los crímenes habrían salido de la hacienda Guacharacas de propiedad de los Uribe Vélez. Pero los señalamientos de vínculos con grupos criminales, hacia los hermanos Uribe Vélez, en realidad habrían empezado desde 1992, a partir de la creación del grupo “Los 12 Apóstoles” cuya base de operaciones estaría en la hacienda “La Carolina” (ubicada en Yarumal, Antioquia), de propiedad de los Uribe Vélez, y desde el cual se cometerían más de 500 asesinatos.
Dos décadas después, y luego de un prolongado proceso jurídico, en fallo proferido de segunda instancia, Santiago, el hermano menor de Álvaro, ha sido condenado a 28 años y tres meses de cárcel por los delitos de homicidio agravado y concierto para delinquir. Y aunque en la sentencia solo se le sindica de un crimen, la sentencia abre la posibilidad de seguir investigando su participación en casi 525 homicidios cometidos por “Los 12 Apóstoles”, grupo en el cual tendría un rol determinante desde la conformación y dirección de la empresa criminal.
Ese mismo año 2025, en un fallo de primera instancia, Álvaro fue hallado culpable y condenado a 12 años por los delitos de soborno de testigos en actuación penal y fraude procesal, los cuales, muy seguramente tienden a ocultar sus vínculos directos con los crímenes que las Fiscalías de Luis Camilo Osorio y Alfonso Gómez Méndez se negaron a investigar por “ausencia de méritos para dicha investigación”.
Pero como este es el país del “sagrado corazón” donde a una señora de tercera edad la pueden mandar a una celda fría condenada a una desproporcionada cantidad de años por robarse un caldo de gallina para calmar su hambre, mientras los más temibles y perversos asesinos gozan de total impunidad, ambos hermanos están en completa libertad, uno de ellos, haciendo política por todo el país sin mayor vergüenza y con total cinismo incluso ante sus víctimas.

